La Inclusión como paradoja para la Educación (especial).



“Desgraciadamente, ni el universalismo que señala “todos somos iguales”, ni el relativismo que proclama “todos tenemos derechos a ser diferentes” evitan la realidad de la existencia de un mundo fuertemente jerarquizado, en que algunas sociedades dominan política y económicamente a otras. Encontrar las palabras exactas no cambia la realidad, Pero discursos mal construidos ayudan a legitimarla”.
(D. Juliano; 1994)


Introducción o por dónde comenzar a construir nuevos sentidos

Pensar a la inclusión como paradoja implica poder analizar dicho concepto de manera dinámica atravesado por concepciones sociales, históricas y políticas. Es además pensar en la institución escolar como la que ha producido buena parte de las exclusiones y en la que hoy se asienta la necesidad de pensar en proyectos más inclusivos.

También existe una paradoja entre los marcos interpretativos de la educación en general, y en relación con la educación especial, que pueden abrir un fructífero debate al respecto.
Los procesos de inclusión deberían poder pensarse más que una serie de técnicas o formas de hacer que alguien participe de un lugar común y pasar a pensar la misma como una forma de construir identidad y pertenencia, porque es básicamente un fuerte movimiento social que debe trascender a lo educativo.

Para pensar estas cuestiones nada mejor que realizar un recorrido por la historia de la escuela moderna.

La fundación de la escuela tiene a la noción de inclusión como uno de sus principios fundamentales. Es así que por 1679 aparece la Didáctica Magna de la mano de Comenius, que se constituye en una verdadera caja de herramientas, la que por medio de normas y explicaciones construye el paisaje a lo que los educadores desde hace trescientos años siguen acostumbrados.

En este libro encontramos la idea de que un solo maestro debe enseñar a un grupo de alumnos, que ese grupo debe ser homogéneo respecto a la edad, que los alumnos de la escuela deben estar distribuidos por “grados” de dificultad, que cada escuela no puede ser completamente autónoma sino que deben organizarse sistemas de educación escolar simultánea, que todas las escuelas deben comenzar y finalizar sus actividades el mismo día, que el medio más adecuado para aprender a leer es un libro que combine lecturas adaptadas a la edad con gráficos e imágenes, qué cantidad de horas pueden estar destinadas para la enseñanza y dentro de ellas la necesidad de que las primeras se dediquen a las áreas intelectuales y el resto a las manuales, etc.La pedagogía moderna ha dado el nombre de “simultaneidad sistémica” a la capacidad de reproducir efectos educativos homogéneos no ya en una sola institución escolar sino en un conjunto amplio y diverso de instituciones escolares.

El concepto de simultaneidad sistémica que construye la pedagogía parte de un supuesto: el concepto moderno de igualdad. La posibilidad del método simultáneo descansa en el supuesto de que todos los hombres son esencialmente iguales y tienen, por lo tanto, las mismas posibilidades de aprender, de adquirir conocimientos o de ser educados. Una de las reivindicaciones más significativas de la modernidad educativa era, sin lugar a dudas, la de la igualdad de oportunidades.

El contenido de esta proclama señalaba que, al ofrecer iguales posibilidades de educación escolar para todos, y al contar todos los seres humanos con la misma capacidad de aprendizaje, todos los hombres tendrían una base de conocimientos que les serviría para desempeñarse en la vida futura. Democratizar la escolaridad significaba dar las mismas oportunidades a la población a partir de garantizar el acceso a la mayor cantidad de personas a formas homogéneas de educación.

La propuesta fundacional del sistema educativo argentino fue organizada en torno a la inclusión de todos los sectores con el fin de formar ciudadanos para un país que estaba conformándose. Las diferencias eran incluidas pero con el firme propósito de ser igualadas bajo el gran objetivo de construir el “ser nacional”.

Reflexionar sobre la equivalencia discursiva entre inclusión y homogenización puede ir dando algunas pistas para poder entender la paradoja con la cual se funda y se consolida la escuela argentina.

Como se argumenta las formas de inclusión social conllevan también exclusiones. La identidad nacional requería el abandono de identidades particulares, para convertirse en sujetos nacionales, los inmigrantes debían abandonar su lengua, sus costumbres, sus héroes y sus formas de vestirse y relacionarse.

Tomando la noción de normalización de Michel Focoult bajo la argumentación de Adriana Puiggrós puede definirse que la pedagogía normalizadora se basó en la creación de una norma o cuadrícula general, en términos de la cual se pueda medir a cada uno de los individuos e identificar si cada uno cumple con ella o se desvía del parámetro común. La norma supone la idea de que hay que “corregir” al individuo desviado. La pedagogía se convierte así en algo normativo: prescribe cuál es la conducta natural y esperable y, por lo tanto, “genera” y “produce” lo anormal, la trasgresión, la desviación.

No es casual que en esta época aparezca la clasificación de los alumnos según sus capacidades y que se confine a los “anormales” en instituciones especiales. El lenguaje que se utiliza para referirse a ellos es “desviados”, “deficientes”, “anormales”, “dis -capacitados”, todos ellos calificativos cuyo sentido deviene de la comparación con individuos “normales”.

De la educación como especial

El término Educación Especial se ha utilizado tradicionalmente para definir o designar a un tipo de Educación diferente a la común que transcurrió por un camino paralelo al de la educación general. La Educación Especial surge como un subsistema dentro de la educación, debido a la necesidad de dar respuesta a lo distinto, al alumno que sale de la norma.

Se desarrolló durante la mayor parte del siglo XX sobre la convicción de que a niños diferentes les “convenían” ámbitos escolares diferentes.

Si para atender a los niños con dificultades se transformaba la propia estructura del sistema educativo, creando un subsistema, era necesario también contar con una didáctica especial para cada categoría de discapacidad priorizando la enseñanza individualizada dentro de un contexto de pequeño grupo de alumnos por docente, y el respeto por el ritmo de cada niño para aprender. Surgen así muchos centros y escuelas con un modelo educativo fuertemente especializado.

Estas concepciones fueron transformando a las escuelas y a los sistemas paralelos de Educación Especial en espacios de carácter segregador, y es así que se empiezan a derivar indiscriminadamente de la escuela común a la especial, con la creencia de que la atención que los niños recibirán en ella será mucho más adecuada.

Refiriéndome específicamente a la expresión Educación Especial es importante destacar que tiene como antecesores otros términos a lo largo de la historia, que están impregnados de concepciones e ideas que fueron cambiando según distintos momentos históricos y diferentes autores que abordaron este campo de la educación quienes intentaron definirla como doctrina, ciencia, método, disciplina, conjunto de procedimientos.

En general todos estos planteos están basados en discursos científicos positivistas, inicialmente biomédicos y posteriormente psicologistas (fundamentalmente de carácter psicométrico).

La expresión más utilizada con anterioridad a la de Educación Especial fue la de Pedagogía Terapéutica, la que encierra en sí misma la idea de una “terapia educativa”, connotando un carácter asistencial. Así ese modelo se ha centrado preferentemente en el sujeto como única causa de sus problemas cognitivos y de aprendizaje y todo ello apoyado médica y psicológicamente, pero nunca se buscaba una posible causa en el contexto (en el sistema). La medicina y la psicología se han situado y definido como disciplinas rehabilitadoras pero nunca educadoras. Este modelo de intervención es, por tanto, individualizado y el curriculum truncado hacia las incompetencias, incidiendo en lo que no puede, más que en las posibilidades de los alumnos.

A veces cuando se habla de Educación Especial, sin hacer un profundo análisis se presupone la existencia de unos principios normativos que rigen a la Educación General y otro a la Educación Especial. Por tanto partimos de un problema en nuestra propia concepción, problema que tenemos que resolver ya que éste se encuentra en la propia raíz de la Pedagogía y no en la especificidad de la disciplina; o sea, en las normativas universales de la Pedagogía. El origen de la cultura de la diversidad frente a la cultura de la discapacidad radica en saber resolver adecuadamente este problema.

Tal vez se deba desde la Educación Especial exigir a la Pedagogía para que sea ella la que cambie los presupuestos y las normativas generales y contemple dentro de sí la singularidad, la identidad, la diversidad de sujetos de aprendizaje y no los excluya.Estas preguntas que orientan el presente artículo son los que los docentes de educación especial deben hacerse para no ser arrastrados por lo que ha sido la historia de la Educación Especial adoptando así, una actitud de conformismo y no de cambio permanente en el pensamiento.

Como profesionales debemos hablar de educación y no de educación especial ya que esto nos permite situarnos en conocer el proceso de Enseñanza y Aprendizaje, porque si bien reconocemos que existen personas que por una u otra causa suelen presentar modos y ritmos diferentes de adquirir, organizar y responder a la información que les llega, lo que no podemos aceptar es que esto sea irreversible y no se puedan producir modificaciones.

Es importante considerar que no es pertinente hablar de una Educación General y una Educación Especial ya que la Educación es una y el debate debe centrarse en cómo dar respuesta a todos los alumnos desde su singularidad.

A manera de conclusión o por donde seguir pensando el tema

El movimiento de inclusión supone la integración en un “nosotros” determinado, ya sea la comunidad nacional o un grupo particular (clase social, minorías étnicas, personas con discapacidad, etc.) .Este “nosotros” siempre implica un “ellos” que puede ser pensado como complementario o como amenazante. Es decir, la inclusión en una identidad determinada supone la exclusión de otros, la definición de una frontera o límite más allá de la cual comienza la otredad.

Un elemento central para definir la inclusión y la exclusión es cómo se conceptualizan la identidad y la diferencia, y cómo y a través de qué mecanismos y técnicas se establecen y operan los límites entre ellas.Popkewitz sugiere que identidad y diferencia, tanto como inclusión y exclusión, no son conceptos opuestos sino mutuamente imbrincados y que pueden ser tratados como un concepto singular, que funciona como un doblez habilitando y desalentando prácticas. Pensar la inclusión no como borramiento de diferencias sino como constructora de identidades particulares es también pensar la forma en que la educación común y especial afrontará este desafío que trasciende el posicionamiento didáctico.


María Elena Festa


BIBLIOGRAFÍA
DUSSEL, I y CARUSO, M (2000) “La invención del aula. Una genealogía de las formas de enseñar”. Santillana. Buenos Aires.
FESTA, M. E. y GIRAUDO, M. (2001) Trabajo presentado en la cátedra de Pedagogía de la Licenciatura de Educación Especial. Universidad Nacional del Litoral.
FLACSO (2004) – Apuntes del Postgrado Currículum y Prácticas Escolares en contexto.
NARODOWSKI, M. (1999). “Después de Clase. Desencantos y Desafíos de la Escuela Actual”. Ediciones Novedades Educativas. Buenos Aires.
POPKEWITZ, T.S. (1998) “La conquista del alma infantil” Pomares - Corredor, Barcelona.
PUIGGRÓS, A. (1990) “Sujetos, disciplina y currículum en los orígenes del sistema educativo argentino” Galerna, Buenos Aires.
PUIGGRÓS, A. (1999). “En los Límites de la Educación”. Homo Sapiens Ediciones. Buenos Aires.

Articulo tomado de la pagina www.educared.org.ar/

PUBLICADO POR KLGO. ALEXIS MOYA ROMERO

Categorías: